
Hoy desperté con un súbito talegazo en las sienes, con un inmundo sabor a crudeza en la boca y el remordimiento incrustando sus gélidas garras en mí. La impresión fue realmente anonadante; me levante del piso y observe la ventana que da a la calle… como esperando algo, como sintiendo el devenir de lo inevitable.
Con el tiempo me he dado cuenta del porque de mis pesares, de mi miseria y creo yo, lo que podría ser una posible respuesta; aun así no me atrevo a vislúmbrala pues, me petrifica el miedo a encontrar algo profano.
Desde aquella noche no he podido cerrar los ojos pensando en lo que realmente sucede en el mundo de vigilia, ojear el periódico, ver la televisión o escuchar la radio sin sentirme perturbado. Ahora es cuando me pregunto: ¿cómo es que llegue a este punto sin percatarme siquiera?
La inconsciencia de mi vida no es más que el resultado de la “desidia” y la “tristitia” un bien cultivado sentimiento de desasosiego y traumas aflorados, sin embargo, ensombrecidos por opulentas mascaras de charadas y arlequinadas chuscas; de muecas sarcásticas y de burlas inconsistentes, huecas, frías. Pero, esto no es nada en comparación de los últimos dos años… ¡Dios! ¡¿Cómo ocurrió esto?!
Resuena en mí la música espectral de las turbias noches, de las solitarias vigías al filo del balcón. Como si esperase algo, como si buscara algo que ni yo mismo entendiera. He pasado horas de ansiedad, inhalando angustia como si de aire se tratase. Ahora siento que la locura me está alcanzando por fin.
Son las 5:05 y la he visto pasar por fin. La he observado desde hace tanto, tan sola, con el tormentoso pesar que le envuelve el rostro en un manto de lagrimas grises, en suspiros al viento, en susurros a la nada. Yo estoy aquí, al filo del balcón, observando la sombra de lo que alguna vez fue una jovial belleza embelesada por rubores de un correspondido amor. Alguna vez ella sintió la seguridad de una vida con sentido, el por qué de sus acciones, alguna vez ella conoció a un joven que la amo. Ciertamente no conozco con precisión la historia de esta trágica vestal, solo he oído rumores por las calles, chismes y murmullos, habladurías de cómo desde aquel hecho ella fue perdiendo cada vez más y más contacto con la realidad, como dio a cambio de su tristeza, en cada llanto y en cada lagrima un poco de su sanidad. Se ha relegado lentamente a las sombras de lo aceptable y normal de la sociedad, esa sociedad que alguna vez ella defendió en sus ideales y sus acciones, su lucha entera dedicada al bien común, simplemente perdidos por culpa de él.
Hace un par de años ella estuvo comprometida con un joven artista, algo temperamental, ególatra, iracundo… casi infantil. Totalmente propenso a la acedia, al hedonismo y al fatalismo. Sin embargo ella lo amaba profundamente, pues, podía vislumbrar la verdadera cara bajo esta mascara, ella observaba mas allá de la coraza de encima por lo mismo, le causaba un gran dolor el no poder salvar a este melancólico suicida de sus propias garras autodestructivas.
La anciana vecina de la pareja recuerda haber oído miles de discusiones hasta altas horas de la madrugada, siempre entretenida, a espera del nuevo encuentro de las amantes y sus turbias discusiones. Básicamente era la misma situación siempre: el recriminando sandeces y ella alegando un poco de cordura para sus arranques de furia. Una noche todo parecía indicar un encuentro nocturno de rutina, que acabaría en alguna promesa y finalmente en desenfrenada pasión. Pero hoy sería lo contrario. La puerta se azoto y se oyeron pasos presurosos hacia el corredor. Era ella, harta, finalmente salía con maletas en mano y lagrimas en los ojos, la esperanza de que ese imbécil necio cambiase algún día se había esfumado, solo le quedaba un poco de dignidad que salvar y el dolor en el interior.
A los pocos días, luces rojas y azules, el sonido estridente de las sirenas de paramédicos y policías, y una morbosa muchedumbre rodeaban un inerte cuerpo que había caído 5 pisos hasta el negro y rígido asfalto… ahora colorido por un brillante carmín, espectralmente bello a los ojos de un artista. Era él, la mano de la locura toco sus sienes al fin, la desesperación le carcomió la esperanza y el sabor crudo del alcohol le dio el valor que necesitaba para efectuar semejante estupidez.
No dio explicaciones, pero era obvio que desde la partida de ella su vida dejo de tener estabilidad. Nada en su departamento quedo en pie, destrozo todo a excepción de una foto y una nota que decía:
-MI amada Cecilia, mi frustración ha acabado, finalmente he encontrado la obra maestra de mi existencia.
Te amo.-
Hoy me he decidido a hablarle y hacerle saber que no está sola, que comparto su dolor, que jamás dejaría que la pasara otra tragedia.
Sale de su apartamento, mirando para todos lados, al borde de un colapso nervioso, como intentando escapar de algo. La veo correr y le grito que espere… ella voltea con paroxica angustia y apresura aun más el paso, tapándose los oídos, gimoteando y gritando.
Corro, y siento que ella se aleja cada vez más y más. Otra vez no la he podido alcanzar, otra madrugada en vano esperándola. Hoy comienzo a percatarme de algo horrible, de algo profano al regresar a mi habitación: es una fotografía de ella, abrazada a su prometido… ese imbécil suicida, ese que no es otro que yo.





.jpeg)